11 DE JULIO

La cocina como arte: descubrimientos creativos en la cocina

El descubrimiento de un nuevo plato contribuye más a la felicidad de la raza humana que el descubrimiento de una estrella.

Jean Anthelme Brillat Savarin

Pocas de nosotras disfrutamos de montar con nuestras habilidades artísticas un espectáculo con una sola intérprete. Esta noche, en vez de pensar en la cena simplemente como una obligación más, piensa en ella como la oportunidad para dar rienda suelta a tu creatividad.
Cocinar es una de las mejores formas para que tu yo auténtico le recuerde a tu yo consciente que eres una artista. Como la unión de la tela con la pintura, la cocina es una especie de alquimia, una obra que engloba la totalidad.
Un cuchillo de trinchar puede ser tan creativo como un pincel. Trocear, rebanar, cortar, remover, hervir, saltear son algunos de los trucos que tienes a mano para cambiar tu mente consciente en un artístico piloto automático. En cuanto la mente consciente se distrae, la mente creativa toma el mando, incluso aunque tu no seas consciente de eso.
Cuando no sé que hacer, si escribir o vivir, intento hacer descubrimientos en la cocina, como por ejemplo recrear un plato con el que disfruté en otra parte. Lo peor que puede ocurrir es que el experimento resulte un fiasco y terminemos comiendo unos emparedados antes de irnos a la cama.
Lo mejor es que mi agradable ocurrencia y la cena que resulte proporcionen nuevas sensaciones al paladar y me recuerde que nunca hay que dar nada por sentado, sobre todo en momentos de duda, frustración o apetito.
«Si tus penas persisten, si no logras hallar inspiración en la soledad, entonces aún te queda mucho por aprender de los escritores, los poetas y los cocineros para convertirte en la artista de tu propia vida…Nunca podrás recrear el pasado, pero puedes dar forma a tu propio futuro, y además, hacer un bizcochuelo», expone Jacqueline Deval en su novela «Reckless Appetite: A Culinary Romance».
Esta semana, como meditación, intenta hacer un bizcocho improvisado.
Piensa en el bizcocho más delicioso que puedas imaginar, el bizcocho de tus sueños, el que siempre has querido probar pero que nunca has tenido tiempo para hacer. Tómate tiempo, hazte un hueco y cocina. 
Si algo te resulta desconcertante en este momento, contempla la situación simplemente como un ingrediente más en la gran receta de la vida real.
Cada ingrediente hace su propia contribución auténtica a la totalidad, independientemente de que cada ingrediente cambie, al ser transformado por los cuatro elementos del Universo: el fuego en el horno, el agua en el grifo, la tierra en el trigo para darnos la harina, y el aire que lo abarca todo.
No te olvides del fuego que arde en tu espíritu, del agua de tu sudor y tus lágrimas, de la terrenalidad de la perseverancia, ni de cada inhalación que efectúas en tus esfuerzos por dominar el arte y descifrar el misterio de una vida auténtica.
Y cuando tu bizcocho salga del horno, espléndido y aromático, considera por un instante la diferencia entre crear un bizcocho (o una vida) con lo que tengas a mano, y uno hecho con esas mezclas ya preparadas que están a la venta. Los alimentos preparados tal vez nos ahorren tiempo en la cocina, pero la cocinera siempre sabe, lo mismo que la artista, lo que es auténtico y lo que simplemente pasa por ser auténtico.