8 DE JULIO

Las antigüedades: una atracción por el pasado

No se trata de que yo pertenezca al pasado, sino que el pasado me pertenece a mi.

Mary Antin

Como muchas mujeres, adoro las antigüedades. Quizá se debe a que en las tiendas de antigüedades he aprendido más cosas sobre la vida que en cualquier otra parte: como vivirla, como cambiarla para mejorar y cómo quererla. Sobre todo, la fuerte y agradable atracción del pasado ha despertado mi pasión por la historia social. Entre los artefactos de otros tiempos he descubierto que la historia es en realidad tu historia y mi historia. Historias que nos curan el alma.

El historiador Hervey Green hace un comentario fascinate en su instructivo libro «The Light of the Home: An intimare View of Lives of Women in Victorian America«: «Lo que en otro tempo se usaba para alimentar a una familia, cuidar un niño, limpiar y abrillantar una tetera o practicar la elegancia social y las costumbres de otra época, cumple una función diferente en la actualidad. Estos objetos del pasado sugieren una forma de vida que se parece a la nuestra pero nos es extraña».

Desde luego, yo me sentí como una extraña en el mundo de otra mujer cuando, hace doce veranos, compré en una tienda de antigüedades de Maine un baúl lleno de revistas femeninas e infantiles de la época victoriana.  Fue un hallazgo afortunado y totalmente inesperado. Estas revistas, que aparecen llenas de sugerencias para distraerse en los días de lluvia y de pasatiempos para pasar la velada en casa con la familia, se convirtieron en mi pasaporte para viajar al pasado. Poco sabía yo en aquel momento que mi «máquina del tiempo», me llevaría al futuro y cambiaría de forma prodigiosa la trayectoria de mi carrera y de mi vida. La época victoriana me fascinó y empecé a estudiar a fondo la vida doméstica en el siglo XIX,  y dicho estudio me llevó a escribir una columna en la prensa, a dirigir seminarios y a escribir dos libros.

Las mejores aventuras que he vivido en el mundo de las antigüedades ocurren cuando mi propósito es sólo curiosear. Raras veces entro en una tienda de antigüedades con la intención de comprar, lo único que pretendo es recibir alguna sorpresa. Esta receptividad a las riquezas del pasado a menudo te enseña de forma deliciosa a confiar en tus instintos, a experimentar con diferentes estilos, a escuchar a tu corazón, a honrar tus impulsos creativos, a tener fe y, sobre todo, a darte cuenta de que no hay ninguna carencia. ¿Cómo puede haber carencia en nuestra vida cuando incluso lo vulgar se convierte en precioso con el paso del tiempo? Si alguna vez necesitas poner en marcha tu propia conciencia abundante, pásate un día entero en un mercadillo de antigüedades.  Aun en el supuesto de que el dinero no fuese un problema, no podrías llevarte a casa todo lo que vas a ver. Hay un límite para las cosas que necesitamos o realmente queremos. Lo que pasa es que lo olvidamos continuamente.

Isabelle Eberhardt escribió en 1900 que pensar en «lo que era bueno y hermoso,  en el pasado equivale a sazonar el presente»

Recuérdalo la próxima ve que sientas la necesidad de una excusa oficial para viajar agradablemente a través del tiempo