7 DE JULIO

Pienso que nuestras tres necesidades básicas (la comida, la seguridad y el amor), se hallan tan entrelazadas, que no podemos pensar en una separada de las demás.

M.F. Fisher

Para Nora Ephron lo son las patatas majadas en la sartén y comérselas en la cama. Para Judith Viorst lo es un paquete de galletas integrales. La autora de libros de cocina Marion Cunningham prefiere los espaguetis con ajo y un buen aceite de oliva. La sureña Nathalie Dupree, jefa de cocina, necesita verduras guisadas «lentamente con tocino». Mientras que la crítica gastronómica Mimi Sheraton consigue recuperarse con «una tostada casi quemada de pan de centeno cubierta con mantequilla salada». En cuanto a mi, los fettuccine Alfredo nunca me fallan.

Comida como remedio: peculiar, original, imaginativa. Modelos personales de consolación, codificados en la raíz de nuestros gustos mas allá de cualquier olvido.

Cuando las desdichas golpean con fuerza y te sientes deprimida, la alimentación transformada por el amor y los recuerdos se convierte en una terapia.

Hoy vamos a observar los poderes curativos de seis grupos de alimentos básicos: la alta cocina, la cocina de régimen, la comida como remedio, la cocina espiritual, alimentos de la infancia y el chocolate.

Hay quienes engloban los cuatro últimos en una misma categoría. Sin embargo, las peregrinas como nosotras que van en busca de lo sublime aprecian los sutiles matices de todo lo que pueda socorrernos.

La comida como remedio es nutritiva. Cuando los corazones se sienten oprimidos necesitan equilibrio gravitatorio y emocional: pastel de carne con papas majadas, macarrones al queso, pollo guisado, judías rojas con arroz blanco, arroz a la crema. Alimentos que nos confirmen que vamos a sobrevivir.

Con semejante sustento podemos seguir adelante, sobre todo cuando no queremos dar un paso más.

La cocina espiritual nos devuelve a nuestras raíces, los alimentos de la infancia nos arropan al acostarnos, y el chocolate altera la conciencia. Distintos alimentos para distintos estados de ánimos. 

Es importante advertir que la comida como remedio no es de alta cocina. No las vas a encontrar en un restaurante de cuatro tenedores, pero tal vez tengas suerte en una casa de comidas. Actualmente, cuanto más pagas por una comida, menos probable es que te proporcione algún remedio. El placer puede comprarse, pero los remedios deben darse, incluso aunque te los des tú misma.

La comida como remedio tampoco es una cocina a régimen. Tal vez te preguntes por qué la lechuga (ni tan siquiera empapada en vinagre balsámico) no satisface del mismo modo que lo consigue la lasaña. Existe una razón perfecta y maravillosamente científica para este fenómeno físico. Piensa en esto: algunos alimentos deliciosos, especialmente los ricos en carbohidratos,  hacen que nos sintamos tranquilas y satisfechas porque cambian literalmente la química en nuestro cerebro al incrementar los niveles de serotonina: la enzima natural que hace que nos sintamos bien, recientemente alabada en las portadas de las revistas de información general.

En otras palabras, las pastas, una buena porción de torta y las papas, son el bálsamo de la Madre Naturaleza. ¿Empiezas ya a sentirte mejor?

Aquí tienes un plan del encanto de la vida simple para hacer de la cocina como remedio una sencillez: empieza un archivo sólo para recetas de comidas que te proporcionen consuelo, cuando prepares platos de este tipo que te resulten placenteros, dobla tu placer haciendo doble cantidad y luego congela la segunda ración. 

El la puerta del congelador conserva una lista de lo que tienes congelado, a fin de saber de que dispones en cuanto las negras nubes  se ciernan sobre ti.

Constituye un sencillo placer saber que en el congelador hay algo delicioso y consolador para cenar, sobre todo cuando has estado trabajando agotadamente todo el día y nadie lo aprecia.

«Puesto que estamos obligados a alimentarnos, ¿por qué no hacerlo lo más hábilmente posible…incrementando siempre nuestro gozo?», pregunta M. F. K. Fisher. Y cuando nos sentemos no sólo para comer, sino para alegrarnos y conformarnos, hagámoslo con gracia y placer, y con un corazón sumamente agradecido.