6 DE JULIO

El único hecho que me gustaría pregonar a los cuatro vientos es esto: la buena vida nos está esperando…aquí y ahora.

B. F. Skinner

En 1932, durante la Gran Depresión, Scott y Helen Nearing abandonaron su vida en Nueva York para convertirse en colonos del siglo XX en las montañas Green de Vermont. Ambos eran socialistas, pacifistas y vegetarianos; también eran unos visionarios imaginativos, decididos a crear un estilo de vida totalmente autosuficiente, que dependieran sólo de sus propias habilidades, el trabajo y la perseverancia.

Ellos fueron en busca de la buena vida: sencillez, liberación de la ansiedad…y la oportunidad de ser útiles y vivir armoniosamente.

Dos décadas después de haberlo conseguido con éxito escribieron un manual llamado «Living the Good Life: How to Live Sanely and Simple in a Troubled World«. Este libro apenas encontró resonancia al salir en 1954. Aquellos eran los prósperos años de la posguerra, cuando se consideraba que la buena vida era un televisor en la sala de estar, una barbacoa en el patio trasero de la casa y un todo terreno en la puerta  de todas las viviendas de la zona residencia.

Pero en 1970, cuando el libro salió en la edición de bolsillo, se convirtió en un bestseller y en la biblia de aquellas extrañas criaturas descalzas y vagabundas que iban en busca del poder de las flores, el amor, la paz y el nirvana de la comuna.

Cuando empecé el diario del encanto de la vida simple, estaba ansiosa por descubrir todos los consejos, estímulos y sabiduría que pudieran indicarme el camino de la buena vida.

Sin embargo, la abrumadora saga de los Nearing, a la que se suma además el intento de arrebatar la utopía de la tierra en dos ocasiones, es casi mitológica en cuanto a lo que pretende abarcar. Sus desalentadoras hazañas no sólo estimulan, sino que también agotan. La verdad es que no me puedo identificar con una mujer que fue capaz de construir  con sus propias manos una casa de piedra cuando ella tenia setenta años y su marido noventa.

En cuanto a la vida que llevaron tras construir  la casa, el calificativo de buena no les haría justicia. Habría que intentar con el de santa. Ellos tan sólo bebían agua, zumos e infusiones de hierbas y consumían poco más que frutas frescas, vegetales crudos, nueces y semillas, así como enormes cantidades de palomitas de maíz. No había sal, ni azúcar, té, café, productos lácteos, ni huevos en su despensas, y, naturalmente, no fumaban ni probaban alcohol. 

La miel sólo se usaba parcamente porque eso significaba explotar a las abejas.

Lógicamente, eso explica que Scott viviera hasta los cien y Helen, que ahora tiene noventa y uno, aún esté fuerte. Quizás el secreto de la buena vida, se manifieste en las sugerencias del encanto de la vida simple para vivir menos estresados que los Nearing pusieron en práctica, y que Helen nos facilitó en su conmovedora biografía «Loving and Leaving the Good Life»:

Esmérate cuanto puedas, en lo que sea. Está en paz contigo mismo. Trabaja en algo que te guste. Vive sencillamente, tanto por lo que se refiere a la casa, la comida, la indumentaria. Evita el desorden. Entra diariamente en contacto con la naturaleza, siente la tierra bajo tus pies. Haz ejercicio físico mediante el trabajo; arreglando el jardín o caminando. No te preocupes, vive el presente. Comparte diariamente algo con los demás.  Si vives solo regala algo, escribe a alguien, ayuda de algún modo a los demás. Tómate algún tiempo para sorprenderte de la vida y del mundo, busca algo de humor en la vida cuando puedas. Observa la propia vida en todas las cosas. Sé amable con las criaturas.

Estoy convencida de que si viviéramos diariamente según estas sugerencias, y no nos limitáramos a pensar en ellas, llegaríamos a la misma conclusión  que llegaron los Nearing de que la buena vida, está realmente aquí y ahora.