4 DE JULIO

Consigue ser real y personal en la búsqueda de la felicidad

No esperes nada, vive frugalmente a la espera de la sorpresa.

Alice Walker

En 1890 el filósofo, psicólogo y pionero espiritual William James, hermano del famoso novelista norteamericano Henry James, armó un gran alboroto al publicar un importante estudio sobre la felicidad humana, «Principios de psicología». Doce años para escribirla, dos volúmenes, y cuatrocientas páginas. Esta obra llegó intrépidamente allí donde ninguna había llegado nunca, investigando las conexiones entre la mente y el cuerpo, el impacto de las emociones sobre la conducta y la importancia de alimentar una vida interior en vez de concentrarnos en los signos externos para lograr la armonía personal.

Con esta obra, James se convirtió en el padre del movimiento norteamericano de autoayuda.

William James fue también un elocuente y persuasivo defensor de una escuela de pensamiento filosófico conocida como «pragmatismo».

Argumentaba que el mundo ya existe cuando nacemos, y que debemos aceptarlo tal como es. Sin embargo, nuestra habilidad para crear nuestra propia realidad interior puede determinar que veamos el Universo como algo amistoso o como algo hostil.

Dado que era un pragmatismo, el doctor James creía que la felicidad personal depende de un sentido práctico: si tu realidad cumple tus expectativas, eres feliz; de lo contrario, estás deprimido.

Esto es tan real, personal y sencillo como le aseguran la filosofía y la psicología, y es perfectamente comprensible.

Por supuesto, esto significa que tenemos que efectuar una elección creativa si queremos ser felices. ¿Nos esforzamos consciente y continuamente para obtener mayores logros y ahorrar? ¿O disminuimos nuestras expectativas, vivimos con lo que tenemos y aprendemos a sentirnos satisfechas?

Muchas de nosotras pensamos erróneamente que disminuir nuestras expectativas significa renunciar a nuestros sueños. Una amiga mía lo expresaba de este modo: «Lo siento Sarah, pero a mí me suena como que te dieras por vencida»

¡En absoluto! Los sueños y las expectativas son dos cosas muy distintas. Los sueños exigen un salto a ciegas ( con la esperanza de que el Espíritu sostenga la red), a fin de poder continuar con la recreación del mundo mediante tu energía, tu alma, tus cualidades y tu visión.

Las expectativas son la inversión personal que el ego hace en un resultado determinado: lo que se necesita que suceda para que el sueño se haga realidad. 

Las expectativas del ego nunca son ambiguas: un premio, una portada de revista.

Tus sueños se deben manifestar exactamente tal como el ego imagina, o de lo contrario alguien no será muy feliz.

¿Adivinas quien? ¡El ego!

Puesto que ninguna de nosotras puede predecir el futuro, ni el mejor resultado para nuestro auténtico camino, este tipo de pensamiento resulta autodestructivo. Ya que si no vivimos de acuerdo con las expectativas del ego, volveremos a fracasar, y entonces, en algún momento, nos rendiremos de verdad.

La apasionada persecución de los sueños hace que el alma se eleve, las expectativas que miden el éxito de los sueños lo único que hacen es atar grandes piedras entorno a esa misma alma. 

Vivir nuestra vida como un soñador y no como expectante, es una declaración personal de independencia. Serás capaz de perseguir una manera mas directa de felicidad cuando no te quedes atrapada en los pormenores de la liberación.

Es soñando y no con expectativas que se permite al Espíritu que entre y te sorprenda mediante la conexión, la realización, la consumación y la celebración. Tú sueña. Sal para el trabajo. A continuación, deja que el Espíritu muestre tus sueños a los demás.

Después de prepararme toda la vida para la aflicción, la forma en que ahora abordo el delicado equilibrio del enfrentamiento entre sueños y espectativas es muy al estilo James; soñar, actuar y distanciarme.

«Una vez se ha tomado una decisión y la ejecución está en marcha, hay que descartar absolutamente toda responsabilidad y preocupación respecto al resultado», me aconseja el Dr James. Yo abordo mi trabajo con apasionada intensidad, actuando como si el éxito dependiera totalmente de mí. Sin embargo, una vez he hecho todo cuanto estaba en mis manos, procuro olvidarme todo lo posible y no me creo expectativas sobre cómo el mundo va a recibir mi trabajo. Conscientemente he elegido dejarme sorprender por la alegría. Es una elección que tú también puedes hacer.

Hoy intenta ser real y personal en la búsqueda de la felicidad. En una ocasión, Oprah Winfrey dijo que los sueños de Dios respecto a ella eran muy superiores a lo que ella hubiera podido soñar para sí misma.

No creo que ninguno de nuestros sueños se acerque a los que el Espíritu tiene guardado con nuestro nombre. También creo que sólo lo averiguaremos una vez empecemos a invertir nuestras emociones en la auténtica expresión y no en los logros específicos.