3 DE JULIO

El espíritu hambriento

Es incontable la gente buena que conozco que, 

en mi opinión, sería mucho mejor 

si dirigiera sus esfuerzos al estudio 

de sus propias apetencias.

(M.F.K. Fishier)

«Cuando Eva mordió la manzana, nos dio el mundo tal y como lo conocemos: hermoso, imperfecto, peligroso, lleno de vida.

Ella nos dio la viruela y Somalia, la vacuna contra la polio, el trigo y las rosas», nos dice Barbara Grizzuti Harrison en la esclarecedora y provocativa colección de ensayos titulada «Out of the Garden». «Ese acto de curiosidad radical por parte de Eva”, también nos proporcionó el deseo, el apetito y el hambre.

Sin Eva yo no me estaría preguntando qué cocinar esta noche para cenar. Sin Eva yo no disuaría proyectos creativos que a menudo hacen que me cueza en mi propio jugo hasta verlos acabados.

Pero tampoco conocería los placeres terrenales que amo, ni el intenso deseo de bocaditos místico que sólo el Espíritu puede proporcionar: la paz interior, la dicha, la armonía.

La mayoría, como mínimo, comemos tres veces al día, pero ¿con qué frecuencia vemos satisfecha realmente nuestra ansia? Unas lonchas de jamón, huevos y galletas de queso me satisfacen más que medio pomelo, pero, por desgracia, a menos que quiera tener el volumen de un tonel, no me lo puedo permitir a menudo.

La mayoría de nosotras nos reprimimos constantemente (en la comida, en nuestras relaciones, en nuestra profesión), ocultando nuestros deseos en lo más profundo de nuestro yo, como si la pura determinación pudiera atener una tapadera encima de nuestros anhelos.

Sin embargo, gradualmente estoy llegando a la certeza de que el hambre es algo sagrado. Estamos destinados a tener hambre cada día, y a satisfacer ese llamado cada día. ¿Por qué si no la primera petición del Padrenuestro iba a ser la del pan de cada día, yendo incluso por delante de la ayuda divina?

Nuestra alma conoce diversos tipos de ansia: físico, psíquico, emocional, creativo y espiritual. Pero el Supremo Creador nos ha concedido los dones de la razón, la imaginación, la curiosidad, el discernimiento, y poseemos la habilidad para distinguir entre nuestras apetencias. ¿Tienes realmente hambre esta mañana de galletas para el desayuno o de ruptura? ¿Son besos apasionados los que deseas, o de un buen plato de pastas? ¿O hambre de un profundo sueño? Entonces no te sientes a ver reposiciones de viejas películas con ese vino corriente. Apaga el televisor, métete en la cama, y si no estás sola, invita a alguien a que se acueste contigo.

«Cuando escribo sobre el hambre, en realidad escribo sobre el amor y las ansias que tenemos de él, así como del afecto y del amor que sentimos hacia él. Y cuando el afecto, la riqueza y la espléndida finalidad del hambre se ven satisfechos…todo se convierte en uno», confesaba M. F. K. Fisher en 1943.

No desprecies el deseo, hija de Eva. En tu deseo está la chispa de lo divino. El Espíritu desea que se le ame, y para satisfacer este anhelo se creo a una mujer con fuertes apetitos.

Amor. Hambre. Apetito. Deseo. Plenitud.

Todo es Uno.