30 DE JUNIO

Lecciones del jardín

Todo cuanto necesitas está en el fondo de tu alma, esperando revelarse. Lo único que debes hacer es sosegarte y buscar las respuestas en tu interior, y te garantizo que las hallarás.

Eileen Caddy

Hace treinta años, Eileen y Peter Caddy, sus tres hijos y una amiga llamada Dorothy MacLean, obedeciendo un mandato espiritual interior, se trasladaron a una zona situada en la costa septentrional de Escocia.

Allí, junto a un vertedero rodeado de dunas, crearon un jardín donde siguen sus mensajes espirituales. A través de la oración y la meditación, Eileen y Dorothy consiguieron contactar con la esencia espiritual, o «deva» de cada especie de plantas, que Dorothy describió como «unos ángeles, unos seres inmensos que infunden vida y crean todo cuanto existe en la naturaleza».

Cada planta impartía unas órdenes espirituales respecto a lo que precisaba para prosperar en circunstancias adversas. Al cabo de unos años, la Comunidad Findhorn, como acabó llamándose el asentamiento que crearon, alcanzó fama internacional debido a la abundancia de las plantas, vegetales, frutas y hierbas que cultivaban en aquel lugar pese a las nefastas condiciones, constituyéndose en la manifestación espiritual de un oasis en medio de un erial. «Ten la seguridad de que todas tus necesidades se verán colmadas, de que hallarás respuesta a todos tus problemas, de que alcanzarás la abundancia a todos los niveles, de que crecerás espiritualmente», recuerdo lo que dice Eileen Caddy mientras remuevo la tierra, planto semillas, arranco las malas hierbas, riego y espero. Ésas son las lecciones que ella aprendió en su jardín. Unas elecciones que ansío aprender yo misma.

Estudia los ciclos de la Madre Naturaleza, los murmullos del jardín, pues se corresponden con los ciclos de crecimiento de tu alma. Sosiega tu mente. Reprime tu ansiedad. Aprende a esforzarte. Aprende a aguardar. Aprende a esperar esperanzadamente.

Otra importante lección que te enseña el jardín es a sembrar y cosechar, así como el momento en que hay que hacerlo. Cosecharás lo que siembres.

Si planto lechugas, no cosecharé tomates. 

Si planto semillas positivas en mi subconsciente (pensamientos de abundancia en lugar de pensamientos de carencia) en mi jardín florecerá la abundancia. 

En cuanto al momento de sembrar y cosechar, debo advertirte que el tiempo, a nivel espiritual, no discurre al mismo ritmo que el tiempo que experimentamos en el plano terrenal. Un año para nosotros es un segundo en la dimensión espiritual. 

Ello explica por qué una pintora que lleva años esforzándose en darse a conocer se convierte en un éxito de la noche a la mañana. 

He aprendido esa lección sembrando y esperando sin perder la paciencia. 

Ello no significa que las semillas hayan caído en terreno estéril. Me niego a creerlo, pues he preparado la tierra, he cavado hoyos profundos y  he añadido la mezcla adecuada. 

El suelo es fértil.

Si pretendo que mi cosecha sea un camino diario hacia la alegría y el bienestar enraizado no en el mundo, sino en el Espíritu, debo ser paciente.

No vives conforme a las leyes humanas sino divina. Los milagros ocurren. No pierdas nunca de vista la idea de prosperidad y abundancia, y ten por seguro que al hacerlo pones en marcha unas fuerzas que las convertirán en realidad.