28 DE JUNIO

Transplantar: dar a las raíces y a ti misma espacio para crecer

Florecilla, si pudiera comprender lo que eres, tus raíces y todo lo demás, sabría lo que Dios y la mujer significan.

Alfred, Lord Tennyson

Ay! Se le caen las hojas. ¿Qué ha pasado? La planta ha sido regada y tiene suficiente luz, no hace ni demasiado frío ni calor. Levanto el tiesto y observo el pequeño orificio de drenaje situado en la parte inferior. Veo unas pequeñas raíces blancas asomando por el agujero, tratando de huir o al menos hallar espacio donde respirar.

Las plantas se asfixian. ¿Sabías que es necesario transplantarlas como mínimo cada dos años? Hasta ahora eso no habría representado un problema para mi, puesto que mis plantas no solían durar tanto tiempo. Pero a medida que empecé a cuidar mejor de mi misma, cuido mas de todo lo que me rodea. No obstante, aunque las raíces no necesiten más espacio para crecer, es necesario cambiar la tierra porque la planta ha consumido todos los nutrientes y el interior del tiesto se ha convertido en un erial.

«A veces no me doy cuenta de que me asfixio, de que necesito más espacio para respirar. Me falta el valor para transplantarme, para absorber el impacto de la tierra nueva, de sentir y echar raíces en un terreno desconocido», confiesa Gunilla Norris en su espiritual y mágica obra, «Being Home».

Nosotros también debemos transplantarnos de vez en cuando para crecer más. ¿Pero cuándo?

Cuando nos sentimos marchitas antes de que comience la jornada. Cuando no somos capaces de visualizar o soñar. Cuando no recordamos la última vez que nos reímos. Cuando creemos haber perdido las ilusiones. Cuando eso ocurre, semana tras semana, debemos reconocer que nos estamos asfixiando. Tenemos que desprendernos suavemente de la tierra que rodea nuestra alma, hallar algo que estimule nuestra imaginación, que nos acelere el pulso, que nos haga sonreír o hablar más animadamente.

Pero transplantarse no significa que debemos romper nuestro matrimonio o abandonar nuestro trabajo. Significa que debemos renovarnos. ¿Por qué es demasiado tarde para regresar a estudiar algo que te interesa?

Quizás sea el momento ideal para aprender francés o montar un negocio de objetos de regalo. Quizás puedas llevar a reparar la máquina de coser, tratar de preparar un refresco de grosellas o practicar algún deporte.

¿Qué te impide escribir solicitando crédito, hacerte socia de un club, ó asistir a un ciclo de conferencias?

Mientras me ocupo de mis plantas, veo que las raíces se han enredado y las separo suavemente con los dedos.

Hoja. Tallo. Raíz.

Mente. Cuerpo. Alma.

Tres en uno. El infinito hilo misterioso del Espíritu. Con frecuencia pienso que si pudiera descubrir donde comienza una hebra y termina otra, lo comprendería todo. Comprendo muy poco, pero de alguna manera lo intuyo.

Coloco la planta en un tiesto algo mayor. No demasiado, no debemos abrumarla sino alentarla a que siga creciendo. Asimismo, no debemos tratar de arreglar el mundo, sino ocuparnos lenta y concienzudamente de las tareas que nos corresponden. Ahora añado al tiesto, tierra fértil y riego la planta.

«Habla con Él  y te escuchará. El Espíritu se encuentra con el Espíritu, Él está más cerca que nuestra propia respiración y mas cerca que nuestras manos y nuestros pies.» nos dice Tennyson.

La raíz y la flor asisten en silencio a la restauración.