25 DE JUNIO

Manos a la obra

Plántalo con la parte verde hacia arriba.

Mary Ann y Frederick McGourty

¿Cómo va tu jardín? ¿Ha crecido mucho? Si tienes problemas para plantar el jardín que sueñas poseer, siempre existe una solución. Quizás vives en un apartamento en la ciudad y no dispones de espacio.

Pero ese no es un problema. Algunos de los jardines mas bonitos que he visto estaban instalados en los escalones de entrada de una casa. Si dispones de un balcón o una terraza, puedes crear un pequeño jardín rebosante de rosas, plantas anuales, hierbas, tomates y verduras.

Si no tienes balcón o terraza, puedes crear unos minúsculos jardines de plantas estacionales colocándolas en unos maceteros en el interior de la casa. Uno de los ejemplos más encantadores data de los años treinta: coloca una celosía de madera blanca frente a una ventana por la que penetre la luz y planta unas semillas de campanillas en un macetero situado junto a ella. Al trepar por la celosía las flores formarán una deliciosa e insólita cortina estival.

Si tienes la suerte de disponer de una pequeña parcela de terreno, sácale el máximo partido. Acude a tu diario de descubrimientos personal y comprueba que tipo de flores anhelas contemplar en tu jardín. Si no estás segura, echa un vistazo a los estantes dedicados a la jardinería en una librería y compara los libros que mas te gusten. Anota los nombres de las flores y dónde encargarlas si no las venden en los comercios de tu ciudad.

Luego consigue un ejemplar de “The Garden Primer”, de Barbara Damrosh. Cualquier libro que empieza recomendando «mantén la parte verde hacia arriba» es el tipo de libro de jardinería que me gusta.

«En realidad es muy sencillo cultivar un jardín, sólo tienes que aprender a pensar como una planta», afirma Bárbara, y con si indispensable guía, lo lograrás.

E. B. White, quien después de la muerte de su esposa Katharine reunió en un libro los artículos que ésta publicaba en The New Yorker, concluye sus recuerdos de la pasión que sentía Katharine por la jardinería con una imagen de ella plantando sus últimos bulbos en otoño y «su profundo convencimiento de que habría otra primavera, haciendo caso omiso de que su vida se estaba consumiendo, aunque sabía que no tardaría en morir, sentada en el jardín, bajo el cielo plomizo de finales de octubre, sosteniendo un detallado gráfico y planificando con calma la resurrección.»

Al leer este párrafo lloré de emoción. A partir de entonces, cada primavera, cuando mis bulbos florecen, doy gracias en silencio a Katharine White. Después de cerrar el libro, me dirigí al semillero de Takoma Park y compré cien bulbos de narcisos atrompetados y tulipanes para la resurrección de mi alegría y satisfacción.

He aquí un consejo sobre plantar bulbos que me resultó muy útil. No hagas caso de los manuales que te recomiendan plantarlos a bastante distancia unos de otros. Yo seguí ese consejo al poco de mudarnos a esta casa y los resultados fueron tan deprimentes que durante una década renuncié a mi sueño de cultivar un jardín. Al fin, tras admirar año tras año los macizos de flores que rodean la Biblioteca del Congreso, pregunté a uno de los jardineros su secreto. Éste me recomendó que plantara al menos seis bulbos en cada hoyo, (forma un círculo de bulbos y coloca uno en el centro) y que los dispusiera a poca distancia unos de otros. El resultado fue extraordinario.

Me gustaría poder transmitirte la alegría inmensa y satisfacción que sentí al ver florecer esos bulbos a través del suelo helado, irguiéndose hacia el cielo e inclinando su maravillosos rostros hacia el sol.

Cada mañana, en primavera, mientras Katie y yo aguardábamos que llegara el auto escolar, conversábamos con «las damas», según las llamábamos, saludando cada nueva flor que brotaba y dándole las gracias por la belleza que aportaba a nuestras vidas.

Por último, te dejo unos gratificantes consejos de Gertrude Jeckyll, cuyos conocimientos cambiaron hace un siglo la faz de la jardinería. «No te desanimes pensando en cuánto te queda por aprender. Cada nuevo paso que damos nos hace sentirnos más seguras y decididas»

Sarah Ban Breathnach