21 DE JUNIO

Florece donde estés plantada

Mary Engelbreit

Yo me desarrollé tarde. Me casé a los treinta y dos años, tuve un hijo a los treinta y cinco, publiqué mi primer libro a los cuarenta y tres y planté mi primer jardín a los cuarenta y cinco. Me cuesta reconocerlo, como si fuera un defecto cósmico, pero May Sarton, quien escribió, practicó la jardinería y vivió  cada día con una pasión admirable, asegura que «la jardinería es una de las recompensas de la madurez, cuando se está dispuesta a vivir una pasión impersonal, una pasión que exige paciencia, permanecer atenta a cuanto sucede a tu alrededor y la capacidad de seguir creciendo en tiempos de sequía y nieve, hasta alcanzar esos momentos de felicidad en que olvidas todos los fracasos y florece el ciruelo».

El ciruelo no ha florecido esta mañana, pero mi pequeño jardín ha brotado un precioso lirio rosa. ¿Cómo llegó hasta aquí? Yo lo planté, evidentemente, pero sé tanto sobre lirios como sobre la vida. Contemplo el lirio que tengo ante mi, majestuoso en su insondable misterio. Es tan efímero, tan exquisito, que su belleza debería adornar el Taj Mahal, pero ha florecido aquí, en casa.

Un desarrollo tardío tiene sus ventajas, ¿pero cuándo fue la última vez que apareció un artículo sobre el tema en una de las elegantes revistas femeninas?

La gran escritora y jardinera victoriana, Gertrude Jekyll, considerada como la primera dama del diseño paisajista moderno, también se desarrolló tarde. La señorita Jekyll dedicó la primera parte de su vida a pintar, pero su deficiente vista la obligó a dejar los pinceles, y fue cuando tomó la pala. A sus cincuenta y tantos años comenzó a practicar jardinería, a fin de dar rienda suelta a sus dotes creativas. A lo largo de las próximas tres décadas diseñó más de cincuenta jardines ingleses, a cual más fabuloso, escribió catorce libros y numerosos artículos. Puede que se desarrollara tarde, pero con envidiable abundancia.

Desarrollarse tarde significa que has tenido el tiempo y la oportunidad de revisar y reorganizarte si experimentas con la vida y no consigues alcanzar tus sueños. Las mujeres que nos desarrollamos tarde podemos arriesgarnos más porque a estas alturas nadie espera nada espectacular de nosotras. Podemos reinventarnos o dejar que emerja nuestro yo auténtico mientras nos redescubrimos y reivindicamos nuestra esencia.

Mis repetidos intentos y fracasos de conseguir mis propósitos me han enseñado que si queremos prosperar como seres creativos, si queremos desarrollarnos hasta alcanzar la plenitud y la armonía, debemos florecer donde estemos plantadas. 

En estos momentos quizás no tengas una carrera, un hogar o una relación conyugal perfectos. Como casi todas las mujeres. Pero si tienes el don que significa el presente, tienes la oportunidad de recrear tus circunstancias y perfeccionarlas con los recursos de que dispones. Hoy, tienes ocasión de mejorar tu vida. ¿Qué más puedes pedir?

Como observó el dramaturgo inglés George Bernard Shaw: «Las personas que consiguen lo que quieren en la vida se afanan en buscar las circunstancias idóneas, y si no las encuentran, las fabrican»