20 DE JUNIO

Jardines secretos

Conserva en tu corazón un lugar silencioso, secreto, donde depositar tus sueños.

Louise Driscoll

En 1898 Frances Burnett, la autora del libro «El pequeño Lord», alquiló una casa solariega, llamada Maytham Hall, en la campiña inglesa. Deprimida por el escándalo público suscitado por su divorcio y perseguida por la prensa debido a sus relaciones con su administrador, un apuesto muchacho lo bastante joven como para ser su hijo, la señora Burnett buscó un apacible refugio donde meditar y reorganizar su vida.

Su santuario favorito era un espacio exterior, rodeado por unos muros de piedra que ella formó en una rosaleda, en la cual plantó trescientos rosales de color coral. 

La señora Burnett solía referirse a su rosaleda como un estudio particular. En él pasaba los días cultivando los rosales o escribiendo a la sombra de un amplio parasol japonés en los días soleados. Cuando refrescaba se cubría con una manta de viaje, retirándose a la casa sólo cuando era imprescindible. 

A lo largo de nueve años, escribió tres libros y una obra teatral, y, en 1907, cuando expiró el contrato de alquiler y se vio obligada a abandonar Maytham Hall, regresó a América. 

Mientras creaba una nueva rosaleda en su casa de Long Island, Nueva York, comenzó con el libro que le daría mas renombre, The Secret Garden, que fue publicado en 1911.

«The Secret Garden» es la historia de la redención de dos desgraciados niños que hallan consuelo en la Madre Naturaleza. A medida que cuidan un jardín abandonado, oculto entre muros de piedra, la restauración del mismo se convierte en una hermosa metáfora sobre la redención de los niños.

Hacia el final de su vida, Frances Burnett recordó que su jardín de Maytham Hall había restaurado el sentido de su propia identidad.

Los recuerdos de «una primavera suavemente lluviosa en Kent, donde pasé casi tres semanas arrodillada sobre una alfombrilla de caucho junto a un precioso macizo de flores rodeado de hierba», permanecieron grabados en su mente, así como «las plantas que florecieron con todo su esplendor en verano».

Poco después de comenzar a explorar y experimentar con los principios del encanto de la vida simple en cuanto vehículo creativo para alcanzar la serenidad y la plenitud, tuve un sueño maravilloso.

Una mano invisible me guió hasta un viejo jardín rodeado por una tapia y me mostró una llave dorada que yacía en el sendero. Cuando giré la llave en la pesada puerta de madera, ésta se abrió para revelar un erial cubierto de malezas. Estaba muy oscuro, pero al entrar vi  una arcada que daba acceso al jardín mas fantástico que había visto en mi vida, bañado por la luz dorada del sol.

Curiosamente, me resistía a abandonar el desolado jardín que yacía a mis espaldas para entrar en ese Paraíso, era como si algo me impedía avanzar.

Al fin conseguí traspasar la arcada, y al hacerlo, el erial desapareció y me vi rodeada sólo por la belleza y abundancia, y experimenté una gran dicha.

Cuando desperté, comprendí de inmediato lo que significaba el sueño. El maravilloso jardín representaba la abundancia en mi vida, y el erial mis pensamientos de carencia.

En nuestras vidas existen simultáneamente la abundancia y la carencia como realidades paralelas. Nosotros decidimos libremente que jardín secreto debemos cuidar.

La maleza invisible nos impide avanzar con nuestros pensamientos. Cuando decidimos no pensar en lo que nos falta sino en la abundancia de que gozamos (el amor, la salud, la familia, los amigos, el trabajo, y las cosas que nos proporciona placer hacer), el erial desaparece y experimentamos una gran alegría en nuestra vida cotidiana.

Sería maravilloso poseer un jardín secreto, como la señora Burnett, pero es imposible para la mayoría de nosotras. 

No obstante, podemos tratar de crear un santuario exterior. Si disponemos de un pequeño jarrón, coloca una silla y una mesita en un rincón sombreado. O cuelga una hamaca. Instala una silla o una tumbona en el extremo de la terraza o patio donde puedas retirarte cuando necesites un respiro.

Y, de paso, no olvides cuidar tu jardín secreto interior, porque las semillas que florecerán en una expresión exterior se hallan diseminadas dentro de ti. Elimina tus desilusiones, frustraciones, las ambiciones que no se han visto colmadas, esperanzas incumplidas y rabia sobre lo pasado y lo que no se ha producido. Esas malas hierbas emotivas sólo sirven para ahogar tu creatividad. Deja que tu imaginación, libre de trabas, siembre las semillas de la posibilidad en la tierra fértil de tu alma. Deja que la pasión cultive tu jardín con paciencia y perseverancia, porque como bien dijo Frances Burnett, «cuando posees un jardín tienes futuro, y cuando tienes futuro, estás viva».