18 DE JUNIO


Florecer


Y llegó el día en que el riesgo que representaba permanecer encerrada en el capullo era más doloroso que el riesgo de florecer
Anais Nin


¿Cuánto tiempo, energía creativa y emociones consumimos resistiéndonos al cambio porque suponemos que el hecho de crecer siempre resulta doloroso? Buena parte de las cosas relacionadas con el desarrollo personal son molestas, sobre todo aprender a establecer unos límites en nuestras
relaciones. Cuando decidimos mimar a nuestro yo auténtico y ayudarlo a desarrollarse, la gente cercana a nosotros advierte los cambios que experimentamos. Ésta es la época en que el desarrollo de las plantas en el jardín, que hasta ahora había sido paulatino, se acelera. A nosotras, que
iniciamos hace cinco meses el camino diario hacia la plenitud, nos sucede lo mismo.
Es difícil expresar tus auténticas necesidades diciendo «lo siento, no puedo», cuando todo el mundo da por sentado que puedes. Pero es peor entorpecer el desarrollo de tu autenticidad. Llega un día
–quizás hoy– en que el hecho de «permanecer encerrada en el capullo resulta más doloroso que florecer». «La jardinería es una actividad tan creativa como pintar o escribir un poema –afirma la escritora victoriana Hanna Rion–. Viene a ser una expresión personal de una misma, un concepto individual de la belleza.» Así mismo, la jardinería es una buena forma de explorar delicadamente la
cuestión del desarrollo personal planteado por la autenticidad. La Madre Naturaleza es una mentora muy paciente.
¿Has conseguido hallar una rosa perfecta en tu jardín o en la floristería? Colócala sobre tu escritorio o tu mesita de noche. El Talmud nos dice: «Cada brizna de hierba tiene un ángel que se inclina sobre ella y musita “crece, crece”.» Nosotras también.