12 DE JUNIO

Pasiones secretas: armarios de ropa blanca perfumados

La joven cerró sus ojos azules y se sumió en un fantástico sueño, entre sábanas blancas, suaves, que olían a lavanda…

John Keats

Cierra los ojos durante unos momentos y sumérgete en un sueño fantástico. Abres una puerta blanca. Allí, sobre grandes estantes decorados con cenefas de encaje, ves numerosas cestas que contienen sábanas perfectamente dobladas; esponjosas toallas, hoyados y suaves albornoces, impecables manteles y servilletas de damasco blanco, tapetes de hilo con tus iniciales bordadas, fundas de almohada con la pátina del pasado incrustada en el encaje de bolillos.

Estos tesoros están rodeados por una cinta de seda de color pálido, atadas con unos lazos perfectos. Contemplas extasiada esta octava maravilla del mundo, digna de antiguos relatos de viajeros sobre «sedas de Samarcanda y cedros del Líbano».

El ambiente está impregnado de un intenso perfume. Un suspiro de envidia se escapa de tus labios: «Deseo tener un armario de ropa como este», te dices.

La deliciosa autora Mary Cantwell ha escrito sobre las elegantes vidas que llevan los gurís domésticos actuales, quienes por supuesto tienen armarios de ropa blanca perfumados.

Mary recuerda que en cierta ocasión se sintió tentada de crear un armario de ropa blanca como es debido, pero no sucumbió a la tentación porque «soy una mujer perezosa».

No obstante, el ansia de la perfección es un impulso profundo. «El hecho de ordenar mi ropa blanca había constituido una forma de defenderse en un mundo presidido por el desorden. No existía ni existe el medio de luchar contra las pesadillas que nos asaltan cuando no estamos dormidos. Pero me habría gustado tener un armario de ropa blanca bien organizado, una prueba de mi capacidad para poner orden en mi minúsculo rincón del universo. El hecho de ver mis sábanas, toallas y manteles perfectamente ordenados y sujetos con cintas de seda me habría proporcionado un momento de Fantin-Latour», confiesa Mary con nostalgia.

Quizás compartes el sueño secreto de vivir un día con un armario de ropa blanca perfumado. He aquí mi plan para hacer que ese sueño se convierta este año en realidad. Las cestas contribuyen a evitar el caos en un armario. En una bolsa de plástico transparente para zapatos, colgada en la puerta, puedes guardar los medicamentos, tiritas y demás artículos de primeros auxilios junto con los productos de belleza y cuidados personales diseminados por los estantes de nuestros armarios. Asegúrate de que la bolsa de plástico es transparente, para ver lo que contiene. 

Suelo comprar manteles y tapetes antiguos en subastas o tiendas de objetos de segunda mano. En los mercadillos y tiendas de baratillo ese tipo de artículos son de poca calidad; en las tiendas de antigüedades puedes hallar unos manteles preciosos, pero demasiado caros.

Las rebajas de artículos para el hogar agéndalas, aunque no compres nada, date una vuelta por esos almacenes durante las rebajas. Ayer, pasé media hora examinando un dormitorio vestido por Ralph Lauren y me dio unas ideas estupendas.

Pasemos al capítulo del perfume. Mide la altura de los tabiques que dividen los estantes del armario de ropa blanca. Lo ideal es que cada estante esté dividido en tres compartimentos. Corta dos pedazos idénticos de gasa y añade dos centímetros de tejido a cada lado. Coloca un poco de algodón entre los trozos de gasa, añade un puñado de flores secas de lavanda, y cose los pedazos de gasa para formar un saquito. Cuelga cada saquito en un tabique del armario con una chincheta o un clavo. Cuelga unas ramas de lavanda seca sobre el estante superior. Ahora da un paso atrás y admira tu obra.

Respecto a las cinta: a todas nos encantan, pero a menos que vivas sola olvídate de atar una cinta de seda alrededor de las sábanas. No es que no se encuentren. En los mercadillos hallarás cintas antiguas preciosas, y en las buenas mercerías y grandes almacenes venden unas cintas con alambre perfectas para hacer lazos artísticos. Pero aparte de ti, ¿qué otro miembro de la familia se molestaría por volver a hacer el lazo?

No vale la pena que te disgustes por eso. Sin embargo, el deseo de alcanzar la perfección antes de morir merece la pena intentarlo aunque sea una vez. Toma una fotografía. Al fin y al cabo, según afirma Keats: «Una cosa hermosa siempre produce alegría».

Sarah Ban Breathnach