7 DE JUNIO

Las delicias de la sala de estar

Algunas salas de estar que conozco no tienen derecho a ostentar ese nombre; son tan poco atractivas que no apetece estar en ellas. En mi opinión, el término «sala de estar» equivale a una estancia alegre y acogedora.  Eso es lo que debería ser: una habitación rebosante de vida, felicidad y belleza.

Lucy Abbot Throop

La semana pasada fui a almorzar a casa de una amiga y al entrar me llevé una agradable sorpresa. Hacía seis meses que no visitaba a mi amiga y comprobé que había transformado la sala de estar. Todo en ella producía un efecto cálido y armonioso, y la felicité por los fabulosos resultados. 

Tras examinarla más detenidamente, me di cuenta de que no la había redecorado, sino que había añadido unos detalles que le daban vida: había cambiado los cuadros de sitio, había colocado unas nuevas figuritas en la repisa de la chimenea y había decorado los sillones y el sofá con unos vistosos almohadones que realzaban los tonos suaves de la tapicería. Mi amiga me confió que había comprado los almohadones en las rebajas y que la transformación de la sala de estar le había costado menos de cincuenta dólares.

Esos nuevos toques conferían a su sala de estar, una nueva vivacidad. Resultaba acogedora pro no excesivamente recargada; visualmente deliciosa y confortable. Me encontraba tan a gusto en ella que no deseaba marcharme. Cada rincón atraía mi atención: las fotos de familia, los libros a los que mi amiga tiene tanto cariño, el bonito arreglo de hortensias blancas que cultiva en su jardín y la artística colección de huevos de porcelana dispuestos sobre una mesita con la superficie de cristal.

Pero había otro elemento que contribuía a prestar encanto a la habitación y que no lograba identificar. Intrigada pregunté a mi amiga de que se trataba. «Bueno, es una habitación muy vivida», respondió sonriendo, confesando que ahora pasaba mas tiempo en su sala de estar que antes. Su energía creativa era palpable, su sentido del estilo visible, y su nuevo entusiasmo, incluyendo el segundo libro que había comenzado a escribir hacía poco, eran más que evidente. Su sala de estar expresaba a la perfección sus ansias de vivir. Siempre me impresiona ver que alguien ha alcanzado el camino diario hacia la alegría y el bienestar.

Para muchas de nosotras la idea de decorar nuestra casa, como casi todo en nuestras vidas, nos abruma. No se nos ocurre ocuparnos de un rincón de una habitación hasta que queda a nuestro gusto, sino que tratamos de reformar toda la casa en un día. Es un trabajo tan agotador que no nos atrevemos a acometerlo. En lugar de considerar la labor de decorar nuestro hogar como una onerosa carga, deberíamos considerarla una fuente permanente de expresión y satisfacción personal.

Aquí no se conceden premios, se trata sólo de hallar lo que nos gusta y nos proporciona placer.

Cuando busques la forma de dar más vida y alegría a tu sala de estar, en primer lugar ten en cuenta sus numerosas funciones. Si posees una casa lo suficientemente grande como para habilitar un espacio destinado a la familia separado de la sala de estar, puedes darte por satisfecha.

Muchas mujeres te envidiarán. El mayor obstáculo con el que me tropecé al tratar de imponer más orden en nuestras vidas cotidianas (empecé por la sala de estar), fue la resignación, aunque sabía que ése era el primer paso. Me avergüenza reconocer la cantidad de tiempo, energía y emociones (recursos naturales y preciosos) que consumí detestando el hecho de que nuestra casa no fuera más espaciosa.

Pero el odio que me inspiraba mi casa sólo servía para bloquearme psicológicamente, impidiéndome ver sus numerosas cualidades y limitando mis dotes creativas. Según una vieja ley metafísica, no debemos abandonar ninguna situación desagradable hasta haber aprendido a amarla o al menos tratar de amarla. Tuve que aprender muchas lecciones respecto al orden. Ahora sé que mi pequeña casa fue la maestra perfecta. ¿De qué me serviría poseer una casa de grandes dimensiones si soy incapaz de mantener ordenada mi pequeña vivienda?

«Una casa hermosa es una lección de educación, pero no puede crearse en un día; debe ir evolucionando lentamente» afirmó en 1910 Lucy Abbot Throop, quien escribió varios libros sobre decoración en las primeras décadas de ese siglo. 

Hoy, busca las lecciones que tu casa está deseando enseñarte a través del amor. 

Empieza por tu sala de estar. Conviértela en una estancia acogedora, alegre y confortable utilizando los recursos de que dispones y siempre te sentirás a gusto en ella.

Sarah Ban Breathnach