6 DE JUNIO

El baño: un paraíso íntimo y secreto

Si fuera un psiquiatra, creo que inspeccionaría los baños de mis pacientes antes que otro ámbito de sus vidas.

MARK HAMPTON

Esta mañana, mientras esperaba entrar en el cuarto de baño, reflexionaba sobre los placeres que éste ofrece. En casa sólo disponemos de uno y mi marido y mi hija, dado que salen temprano de casa, por las mañanas tienen prioridad. Sin embargo, según una reciente encuesta realizada por un importante fabricante de artículos para el baño, no solemos sacar todo el provecho que éste nos ofrece. La encuesta reveló que el baño es el lugar preferido de muchas personas para hablar por teléfono, comer, dormir, fumar, hacer el amor, leer e incluso bailar.

No en mi cuarto de baño. Mi baño tiene el tamaño del Diccionario Oxford de latín cuando está cerrado. Se trata de un libro voluminoso, pero sus dimensiones dejan mucho que desear para que sea la estancia frecuentada de la casa.

Mark Hampton, el decorador de interiores, confiesa que de todos los proyectos de reformas que uno emprende en la vida, la perspectiva de redecorar el cuarto de baño es el mas comprometido. Estoy de acuerdo con él, pero no por los motivos que aduce Hampton, los cuales tienen que ver con la participación de numerosos profesionales, como arquitectos, decoradores, contratistas, albañiles, electricistas y fontaneros. El coste exhorbitante que supone contratar a todas esas personas para que transformen mi cuarto de baño, así como el hecho de que no existe un centímetro cuadrado de espacio alrededor de los tres elementos fijos que hay en él, es lo que a mi me aterra.

No obstante, la importancia del cuarto de baño es innegable. Tal como señala Mark Hampton, el baño «constituye el lugar donde uno se recrea acicalándose, poniendo de relieve un sibaritismo que en otro lugar sería inaceptable. Oculto a las miradas indiscretas de los otros, el baño es un paraíso íntimo y secreto».

Piensa en ello. «Un paraíso íntimo y secreto.» Aunque tu cuarto de baño sea reducido y tu presupuesto aún más reducido, no significa que no puedas convertirlo en un paraíso íntimo y secreto. Si yo puedo hacerlo, tu también.

He aquí cómo.

Una de mis fantasías favoritas es visitar un día una clínica de belleza y salud. Al igual que la persona que viaja sentada en el sillón de su casa, me dedico a coleccionar folletos e información sobre esos establecimientos para incluirlos en mi diario de descubrimientos personal. De ese modo, cuando la vida real me ofrezca la oportunidad de concederme este capricho, sabré qué lugar elegir. Entretanto, he creado mi propio programa de belleza y salud: siete noches dedicadas a mimar mi cuerpo y mi psique- Te recomiendo que cada noche, durante una semana, experimentes con un nuevo producto: aromaterapia, sales de baño, geles, baños de espuma, leche, etcétera. Comprueba cuál prefieres.

Muchos productos de baño se presentan en envases de tamaño reducido, de modo que no tienes que gastar mucho dinero. Pide que te regalen unas muestras y guárdalas en un cajón hasta que necesites poner en práctica durante una semana tu programa personal de belleza y salud.

Cada noche, después de darte un baño en una estancia iluminada por velas perfumadas, mientras escuchas música fabulosa y saboreas una copa de vino o de agua mineral con sabor a frutas (un vas de agua mineral helada con sabor a grosella es delicioso), aplícate un tratamiento de belleza, por ejemplo una mascarilla para limpiar o exfoliar el cutis, un baño de aceite para el cabello, la manicura y pedicura, depilarte con cera, darte un masaje con una crema anticelulitis o hidratante. La última noche prueba con un nuevo maquillaje y peinado.

Para tu programa de belleza y salud necesitarás una ducha que emita un chorro de variada intensidad; unas eponjas naturales un albornoz con capucha y un espejo con cristal de aumento. También te recomiendo que adquieras una bandeja adaptable a la bañera para colocar esos objetos, así como una almohada hinchable para apoyar la cabeza y un cepillo para frotarte la espalda.

Hoy, presciende de las limitaciones de tu cuarto de baño. Si dispones de gua caliente y fría y de una bañera en la que recostarte, no necesitas más. Una vez que hayas probado tu propio programa de belleza y salud, se convertirá en un rito periódico. Existen pocas cosas más gratificantes que dedicar siete días a cuidar el cuerpo y el espíritu.

Sarah Ban Breathnach