21 DE MAYO

Un nido de comodidades


¡Ah! No hay nada como quedarse en casa para estar verdaderamente cómoda.

JANE AUSTEN

Las novelas de Jane Austen son famosas por sus ingeniosas, irónicas y acertadas pinceladas sobre la vida en familia del siglo XVIII. Pero también revelan, entre líneas, el amor de su autora por los acogedores «nidos de comodidades». 

La señorita Austen, que escribía en un diminuto escritorio cerca de la chimenea, describe un refugio así en su novela Mansfield Park, al que su heroína Fanny Price, puede retirarse «después de cualquier cosa desagradable…y encontrar un consuelo inmediato en alguna actividad o en algún hilo de pensamiento. Sus plantas, sus libros…su escritorio y sus obras de caridad e ingenio estaban todos a su alcance…apenas podía ver en la habitación un objeto que no estuviera vinculado a algún recuerdo interesante».

Independientemente de nuestro estilo decorativo, la cualidad espiritual básica que deberían poseer nuestros hogares es el consuelo de la comodidad. Al descubrir y expresar nuestra autenticidad en lo que nos rodea, la comodidad se convierte en nuestra primera prioridad. Después de emprender el camino del encanto de la vida simple, me sorprendió descubrir que había muy pocos lugares en mi hogar que me hicieran sentir verdaderamente cómoda. La búsqueda de la autenticidad es como vivir sobre una falla; nunca sabes cuando va a moverse la tierra que pisas. Un buen día me di cuenta de que pasaba la mayor parte de mi tiempo libre leyendo en el dormitorio, alejada, inconscientemente, de mi marido y mi hija, no porque necesitara intimidad, sino porque carecía de un sillón cómodo en el cual acurrucarme en el salón. Mi marido tenía su sitio en el sofá, mi hija había reclamado el canapé, mientras que yo, por defecto, acababa a menudo en el dormitorio, cuando, sin duda habría preferido estar en su compañía. 

Cuando fui consciente de ello, tuvimos una conversación familiar sobre como sentirnos más cómodos en nuestra propia casa. Ahora estamos ahorrando y buscando lo que necesitamos para crear un nido de comodidades que acune nuestros cuerpos y almas.

Hoy piensa en tu propio nido. ¿Es tan acogedor que nunca tienes ganas de salir? Debería serlo. ¿Tienes las comodidades que anhelas? ¿Sabes siquiera cuáles son? ¿Cuándo fue la última vez que reflexionaste sobre tu comodidad con la prodigalidad que ello merece? 

Hoy, haz unas listas de deseos: asientos blandos y mullidos; rechonchos almohadones para apoyarte o para echarte una profunda siesta; un lugar para poner los pies en alto; lámparas de lectura como Dios manda; muchas estanterías de libros; lecturas siempre a mano que sean interesantes, iluminadoras o irresistibles; sitios para colocar tus objetos de adorno favoritos; mesas donde puedas servir tentempiés; un escritorio bien ordenado y bien surtido desde donde organizar tu vida; un equipo de música tan decente como puedas permitirte y un repertorio musical propio que refleje tus muchos estados de ánimo; una buena cafetera; una bonita tetera o exprimidor; plantas y flores para deleitarte; un mobiliario de jardín que te invite a quedarte y un bonito jardín o terraza para pasar largos ratos. Todas las listas serán diferentes. Tómate el tiempo necesario para determinar lo que necesitas. Piensa en las habitaciones en las que  te has sentido automáticamente en casa toda tu vida, aunque no fueran tuyas. ¿Qué te atraía y te iniciaba a quedarte?. La comodidad era probablemente la clave. Hoy,  piensa en lo que necesitas para crear un nido personal que reconforte a tu cuerpo y a tu alma.