20 DE MAYO

La contemplación doméstica es en realidad una ocasión para estar a solas, soñar y entrar en contacto con uno mismo…

La contemplación doméstica es descubrir.

ALEXANDRA STODDARD

En mi mente, hay una diferencia significativa entre la organización, la limpieza y la «contemplación domestica» de la casa. Las dos primeras labores del cuidado del hogar son los puntales que proporcionan el orden necesario para celebrar el ritual. La contemplación doméstica es la intersección entre la introspección y la inspiración. No está en nuestra lista de quehaceres, y por lo tanto encanta, centra y halaga a los espíritus estresados. Sin embargo, yo soy incapaz de disfrutar reorganizando mis objetos personales o las flores de un jarrón si en mi casa reina el desorden y las telas de araña pueblan los rincones. (Seguro que no soy la única mujer del mundo que alguna vez ha mirado al techo del salón y ha visto en un rincón una obra maestra)

Por lo tanto, suelo dedicar las últimas horas de la tarde del sábado a la contemplación doméstica, cuando la casa es un lienzo intacto que despierta mi creatividad.

Al contrario que la limpieza, que puede ser una actividad en equipo, la contemplación doméstica es un pasatiempo solitario que debe realizarse a ritmo lento para sacar el máximo provecho metafísico. La esencia de la contemplación doméstica consiste en disponer las cosas de otra manera, aunque también englobo lustrar la plata, lavar la porcelana, hacer ramos de flores, incluso cambiar los muebles de lugar bajo este concepto. 

Parte del placer que proporciona la contemplación doméstica reside en la libre asociación de ideas. Concibe esta actividad como un test de Rorscharch. En vez de interpretar manchas de tinta, meditamos sobre el sentido oculto de nuestras pertenencias hasta que generamos un torrente de sueños, elecciones, riesgos, placeres, auténticas preferencias. 

Tú crees que lo único que estás haciendo es cambiar la disposición de tus objetos favoritos en tu repisa, cuando en realidad estás creando un paisaje de interiores. 

«La contemplación doméstica creativa es en realidad una de las actividades con las que más disfruto en casa. Nos ayuda a tomar conciencia de lo que todavía es importante para nosotras, lo que sigue teniendo significado. Este pausado acto privado puede enfocar con gran precisión los distintos aspectos de tu vida e identificar tus necesidades», nos revela la escritora y decoradora de interiores Alexandra Stoddard. 

La música es una parte importante de mi ritual de contemplación doméstica. Me encanta escuchar música mientras me dedico al cuidado de mi hogar y mi repertorio, en función del estado de ánimo y la labor, abarcan desde Bach hasta Broadway. 

Para la contemplación doméstica más introspectiva, elijo una banda sonora cinematográfica como Memorias de África.

Al escuchar la inolvidable composición musical de John Barry mientras reorganizo las fotos de la familia o mi pequeña colección de vidrio tallado irlandés, o mientras sustituyo los ramos de flores secas del invierno por flores naturales, no puedo evitar pensar en Isak Dinesen empaquetando plata, las copas de cristal y la porcelana de Limoges cuando emigró a África desde Dinamarca justo antes de que estallara la Primera Guerra Mundial. No podía imaginase vivir en ningún sitio sin estar rodeada de sus queridas pertenencias. 

Judith Thurman nos dice, en Isak Dinensen: The Life of a Storyteller, que “su ambición (era) convertir su hogar en un oasis de civilización”. Ésta es también la ambición de mi corazón, aunque mis tierras vírgenes sean una pequeña ciudad de Maryland y no las llanuras de Kenia.

Tanto si tu hogar se halla en la ciudad como si está ubicado en el campo o en una zona residencial, cada uno de ellos ofrece a su manera terreno fértil sobre el que sembrar tus sueños. 

La contemplación doméstica esparce las semillas. A su debido tiempo, recogeremos una abundante cosecha de felicidad.

Sarah Ban Breathnach