19 DE MAYO

EL ORDEN INTERIOR


Que bendición de la gracia divina poder sacar el caos de nuestro interior y a partir de él crear cierta apariencia de orden.

KATHERINE PATERSON

Según dicta la tradición, la primavera es la estación del año para per en orden nuestros hogares y es también la oportunidad perfecta para hallar el orden interior. «La limpieza a fondo de la primavera también puede ser psicológica, un tiempo muerto para afrontar el desorden emocional que se ha acumulado en nuestro armario mental, es una pausa para la introspección, una evaluación a mitad de curso para personas normales con estresantes vidas normales», nos recomienda la escritora Abigail Trafford. 

Una forma de iniciar la búsqueda del orden que anida en tu interior, es identificar lo que te saca de tus casillas sin que hayas podido evitarlo porque has estado demasiado ocupada. Pon en tu mente el video de uno de tus días típicos y apiádate de la mujer al borde del abismo. ¿Qué es lo que te inquieta? Podría ser cualquier cosa: salir corriendo al trabajo convencida de que te has olvidado algo que vas a necesitar aquel día, no encontrar nunca nada que ponerte que no esté arrugado o descubrir, cuando estás cocinando la cena, que se te ha acabado el ingrediente que necesitabas. Todas estas situaciones claman al orden, de igual forma que lo hace tu alma fragmentada.

Hay una forma de vida mejor. Se inaugura cuando establecemos el orden en nuestro interior para convertirlo en una realidad visible en nuestra rutina cotidiana. Comienza a buscar el orden interior delimitando tu día con una reflexión a primera hora de la mañana y otra a última hora de la noche. Ésta quietud te recordará que todas las mañanas puedes decidir vivir en el mundo pero no caer en las redes de su ritmo delirante, sobre todo el ritmo delirante que tú te has impuesto.  Éstas reflexiones pueden durar únicamente quince minutos. Sé que antes ya he sugerido la necesidad de tener momentos para nosotras mismas (y continuaré haciéndolo). Sencillamente piensas que no tienes tiempo. Tal vez no hoy. Pero encuentra un rato mañana. Empieza por concederte un cuarto de hora antes de que nadie se haya levantado y después de que todos se hayan retirado a dormir.

¿Qué hacer nada más despertarse o justo antes de conciliar el sueño? Aquieta tu mente, eleva tu corazón, medita, reflexiona, haz descubrimientos. Piensa, concibe, crea, conecta, admite que todo empieza en tu interior. Reza, lee poesía, las Escrituras Sagradas o una simple meditación. Piensa en el día que tienes por delante y en cómo podría transcurrir con mas calma. Invoca al Orden divino, pidiéndole al Espíritu que se haga cargo de tu día hoy y todos los días. 

Visualízate al final de un día feliz, libre de estrés y productivo, relajándote y disfrutando del momento de ocio bien merecido que te brinda la noche. Pasea por el jardín, asómate a tu balcón, siéntate en la puerta de tu casa con una taza de té y aguarda el amanecer. Observa cuán apacible pero infaliblemente se renueva el mundo natural todos los días. Puede parecerte mentira, pero la Madre Tiempo no tiene prisa; las siete no les dicen a las seis «Venga, muévete, hay que ir a un montón de sitios, ver a un montón de gente, enviar un montón de faxes!”.

Si tienes hijos, inviertes una hora y media en desplazarte al trabajo o tienes que hablar con clientes de ultramar por teléfono, es posible que mi propuesta te parezca impracticable, los consejos de una mujer que a todas luces no tiene ni la menor idea de como vives en realidad. Delimitar tu día con el cultivo de tu espíritu significa despertarse más temprano cuando ayer estabas tan agotada que hoy apenas puedes salir de la cama, o dedicar unos minutos por la noche a la introspección cuando estás a punto de quedarte dormida como un tronco. 

He aquí lo que yo hago por las mañanas y las noches: media hora antes de tener que levantarme y justo antes de conciliar el sueño, me hago un ovillo en la cama y escucho en la oscuridad música clásica o cantos gregorianos (las sublimes y antiguas invocaciones latinas cantadas por los monjes benedictinos desde hace mil quinientos años). Es una lástima que no entienda completamente el significado de los cantos, pero en realidad no importa mucho. Todo lo que sé es que los suaves y rítmicos cantos me reconfortan y tranquilizan en un plano muy profundo. En ocasiones, rezo con los monjes, otras me gusta imaginar que están rezando por mi. Es una forma apacible, tranquilizadora y reconfortante de darse cuenta de que exista otra realidad más verdadera, algo que yo soy propensa a olvidar en el transcurso de un ajetreado día— como probablemente te pasará a ti también—.

Hoy, busca tu orden interior para que el Orden divino pueda manifestarse externamente en tu rutina diaria.

Sarah Ban Breathnach