18 DE MAYO

Simplificar, simplificar, simplificar

Fuera del desorden, halla la simplicidad.

Albert Einstein

Después de pasarme la mañana separando lo bello y lo útil de lo inútil, eché un vistazo al suelo del salón. Parecía una excavación arqueológica con pequeñas pilas de artefactos distribuidos por categorías domésticas. Me pregunté lo que un antropólogo de finales del siglo XX, considerando la yuxtaposición de baratijas y preciosidades, diría al mundo sobre la mujer cuya vida estaba ahora reducida a una serie de pulcros y gratos montones.

Pronto llegó la hora de volver a poner todo en su sitio. Hacerlo, aunque te perezca mentira, me produjo una enorme satisfacción. Mientras merodeaba por las habitaciones de mi casa, me apliqué en la búsqueda de la hebra común a las vidas de los maestros espirituales y las tradiciones mas grandes del mundo: Jesucristo, Mahoma, Buda, Lao-Tzu, los profetas hebreos, los sufíes musulmanes, los santos católicos, los rishis hindúes, los cuáqueros, los amish. 

Ninguno de ellos tenía cajones de sastre. Ello se debía a que todos habían optado por la simplicidad. La espiritualidad, la simplicidad  y la serenidad parecen integrar la Sagrada Trinidad; tres cualidades divinas del alma ordenada. 

Henry David Thoureau creía que «nuestra vida se desperdicia en los detalles». Disiento. Creo que nuestra vida se desperdicia por falta de concentración. Pero ¿cómo podemos concentrar nuestra atención en lo que verdaderamente importa cuando estamos medios locas porque nunca encontramos nada? Sin embargo, la solución de Thoureau para liberarnos de esta inquietud sigue siendo válida hoy: “simplificar, simplificar, simplificar”.

Esta semana, piensa que con un poco de valor y creatividad puedes encontrar el espacio para respirar que tanto anhelas. Tal vez creas que sólo estás organizando un cajón o haciendo malabarismos para destinar unas cuantas horas de tu tiempo a poner la casa en orden. 

Pero tu alma es mas sabia.

Sarah Ban Breathnach