17 DE MAYO

El ritual de Ruskin: la restauración

Para que las personas puedan ser felices en su trabajo, hacen falta estas tres cosas: deben ser aptas para poder realizarlo, no deben practicarlo en exceso, y deben tener la sensación de que lo realizan con éxito.

JOHN RUSKIN

El sol brilla, las ventanas están llenas de chorretones, las cortinas blancas dejan bastante que desear. ¿Acaso esta casa necesita una limpieza a fondo?

Pero las ventanas y las cortinas pueden esperar porque el sofá y un nuevo libro me llaman.

Los cajones de sastre también están igual. Ya sabes, esos agujeros negros que acechan detrás de las superficies ordenadas ocultando el desorden y sólo Dios sabe qué más. Objetos perdidos. Objetos encontrados. Objetos que tal vez alguien de la familia pueda usar en otra vida. O lo irreconocible. Tú le das un nombre:  es lo que está en ese cajón.

Bien, no sé si a ti te pasa lo mismo, pero yo tenía (tengo, va por períodos) cajones de sastre en todas las habitaciones de la casa. Llegué a un punto en que nunca los abría por voluntad propia salvo para echar en ellos otro artículo con los ojos cerrados. Soy adicta a los cajones de sastre. Pero, a medida que he ido aprendiendo las lecciones del encanto de la vida simple, he afrontado esta tendencia obsesiva. Me estaba convirtiendo en una persona ordenada en la superficie, pero por debajo hervía la mas total anarquía doméstica. Yo lo sabía, mi yo auténtico lo sabía. También lo sabían mi marido y mi hija. Me hacía sentir muy incómoda. «Estar enterrada en lava y ni siquiera inmutarse, es entonces cuando un hombre demuestra de qué está hecho», escribió Samuel Bekett en Malone Dies.  Las mujeres adultas nos enfrentamos al mismo reto cuando reunimos el valor necesario para afrontar la limpieza de los cajones de sastre. Respira hondo. Yo te guiaré.

La mejor forma de empezar a organizar el desorden de toda una vida es hacerlo a intervalos soportables siguiendo el sabio consejo de Ruskin. No lo practiques en exceso en una sola sesión; de esta forma, puedes sentir que tus esfuerzos han tenido éxito. Cada mes, aborda una sola habitación o espacio para guardar cosas de tu casa. Divide la habitación en distintas partes. La primera semana, ordena los cajones de sastre, luego los armarios de las sábanas y toallas, luego todas las demás zonas donde pueden guardarse cosas, como debajo de las camas, el armario de la ropa, el botiquín. Por encima de todo, no intentes hacer demasiado de una sola vez o te sabotearás a ti misma. ¿El armario de la habitación familiar donde se guardan los juegos no se ha organizado estos últimos dos años? No te preocupes, puede esperar otros dos meses o el tiempo que tardes en dedicarte a él.

Hoy piensa con detenimiento en las zonas de tu casa que te están produciendo mas frustración y luego ordénalas en función de la irritación que te causan.

Aunque estoy firmemente convencida de que los quehaceres domésticos deben compartirse, he concluido de mala gana que erradicar el desorden es una ocupación solitaria. Tienes que hacerlo sola. Nunca dejaría de insistir en ello. Los maridos o compañeros y los hijos nunca dejarán de tirar nada. “Oh, estaba aquí”, dirán cogiendo prácticamente todos los objetos que estás intentando tirar (incluyendo la plastilina fosilizada). Olvídalo. Confía en mi, debes erradicar el desorden sola o te volverán loca en el intento.

Una última advertencia: ¿qué hacer con la caja de «no sé que es esto ni de dónde sale»? Si algún objeto no puede ser identificado por ningún miembro de la familia, se tira. Éste es el único aspecto de la organización de la casa en el que animo a la consulta colectiva. Pero recuerda que debes ser implacable. Sin dudas, tíralo. No lo necesitas. No lo quieres. Te habías olvidado incluso de que lo tenías, así que no lo guardes. No, no va a ser útil algún día. Es más, no es tu deseo, bajo ningún concepto, que el contenido de tus cajones de sastre acabe en “cajas de sastre” (una posibilidad muy real para las acumuladoras crónicas), que simplemente desaparecerán de la vida de ese vertedero subterráneo que comúnmente denominamos “sótano”. Pero ésta es, como dicen, otra historia para otro día.

Con cada cajón de sastre que ordenas. cada armario, cada vez que consigues organizar algo, no haces más que reforzar tu deseo de recuperar el control sobre tu vida. Nunca me había planteado seriamente la carga mental que me suponía ser tan desorganizada por debajo de la superficie. Pero en cuanto erradiqué el desorden, tuve una maravillosa sensación de renovación, alegría y paz interior. Allí estaba la esencia del encanto de la vida simple y lo único que había invertido había sido tiempo (para hacer los planes), valor (para presentarme al trabajo) y energía creativa (para desempeñarlo).

No te sorprendas si uno de estos días sientes la repentina necesidad de lavar las cortinas y limpiar los cristales. La luz es bella y ahora tu ves con claridad.

Sarah Ban Breathnach