14 DE MAYO

Un encanto especial

¿Por qué amamos ciertos hogares y por qué parece que ellos nos aman? 

Es la efusión de nuestro corazón que se refleja en nuestro entorno.

T. H ROBSJOHN

En cuanto entramos en una casa, sabemos si tiene o no encanto. Si nos sentimos atraídas por su acogedora y alegre hospitalidad o si la calidez de una habitación con encanto nos incita a sumergirnos en sus comodidades hasta quedarnos satisfechas.

La belleza sencilla deleita. La serenidad, la armonía y el orden tranquilizan. Los toques de originalidad divierten. La memoria personal reconcilia el presente con el pasado. Todo está en paz con el mundo en un hogar tan atractivo e invitador. Piensa en los hogares que aparecían en las maravillosas películas sentimentales de los años cuarenta, como «Los mejores años de nuestras vidas» ó «La casa encantada».

En esta última, un apuesto veterano con cicatrices de guerra se enamora de una humilde sirvienta y el encanto se encarna en Cupido, que los hechiza a través de un entorno maravilloso capaz de transformar a dos vidas solitarias.

«Si lo tienes, no necesitas tener nada más, y si no lo tienes, tus demás cualidades no importarán demasiado», escribió sobre el encanto el dramaturgo inglés James M. Barrie en 1907.

Con dinero podemos comprar bellos muebles y accesorios decorativos, pero no podemos asegurarnos de que el encanto more con cualidad del alma con la que no se puede comerciar. Pero el encanto puede canalizarse a partir del Espíritu creador. Se accede a él a través de nuestra autenticidad, que se expresa en nuestro toque personal. «La belleza no reside en hacer grandes gastos, sino en la artística disposición de pocas cosas», dice el reconfortante artículo titulado «El encanto de lo imprevisto», del número de The Mother’s Magazine, publicado en agosto de 1917 durante la Primera Guerra Mundial, cuando salir adelante con lo mínimo era una necesidad.

Hoy, toma conciencia de que el deseo de construir un hogar más querido y dulce para los que moran en él, sigue siendo el eterno secreto de investir nuestros hogares de encanto.

Sarah Ban Breathnach