15 DE MAYO

Progreso, no perfección

El perfeccionismo es maltrato de uno mismo en primer grado.

ANNE WILSON SCHAEF

Era una bella tarde de mayo soleada y cálida con una refrescante brisa. Perfecta. El día con el que soñamos en lo más crudo del invierno. Aquella mañana, mi hija y yo habíamos hecho una agradable visita al mercado y comprado hinojos, tomateras y caléndulas. La semana anterior, habíamos logrado encontrar una jardinera de terracota con forma de potager ( sopera en francés)

Había descubierto esta maravillosa idea para tener un jardín en un sólo recipiente en un artículo de una elegante revista de decoración y me pareció que podría resultar divertida. A Katie también. Urdimos el plan y lo pusimos en práctica con gran entusiasmo y placer.

Cuando acabamos de plantar, tuvimos algunas dificultades para quitar la tierra húmeda que se había adherido a los lados de los potagers.

Yo empleé una esponja y lo manché de barro, Katie lo roció con una regadera, obteniendo mejores resultados, pero seguía sin ser tan perfecto como en la fotografía. Me da vergüenza decirte el tiempo que estuvimos preocupadas buscando esa perfección, y llegó un punto en que no pude más.

-Bueno, ya está. Qué bonito.

-Pero no es como el de ella- gimoteó Katie con exasperación.

-No, no es como el de ella. Es como el nuestro. El nuestro es magnífico. Bien. Es bastante parecido.

Tiempo muerto. Serenidad: progreso, no perfección. En primer lugar, le dije que los seductores gurús de las revistas de decoración cuentan con profesionales que trabajan para ellos a jornada completa, incluyendo estilistas, que pasan pinceles mágicos untados de tierra de Siena por las manchas de barro de potgers de terracota, antes de que el flash se dispare o se ponga en marcha la cámara de video. 

Es imagen, es ilusión, ficción. Es una industria de millones de dólares. Lo que estamos viendo no es siempre la verdadera McCoy. Ahora bien (observé con satisfacción), esto es real, con el barro y todo. Es real y maravilloso.

Al final, conseguí convencer a mi escéptica interlocutora de que tuviera paciencia. (La madre naturaleza no me defraudó y los chaparrones primaverales se convirtieron en nuestro estilista) Pasamos el resto de la tarde removiendo felizmente tierra tan dura como el granito para un fragante jardín tradicional de rosas, lavanda, malvas locas y espuelas de caballo. Cerca de allí, los gatos se deleitaban en el parterre recién plantado con hierba gatera.

¿Cuánto tiempo de nuestras vidas desperdiciamos, malgastamos, perdemos o pasamos de mal humor por nuestra neurótica insistencia de perfección? Tal vez nuestros padres esperaban que viviéramos a la altura de unos valores que sabían que ellos mismos nunca alcanzarían. No cabe dura de que querían que nosotros tuviéramos más. Pero, ¿más de qué? ¿Preocupaciones? ¿No has tenido ya bastante?

Hoy, acepta que la perfección es inalcanzable. En la vida real, deberíamos esforzarnos por dar lo mejor de nosotras mismas, no por ser las mejores del mundo. Aún con todo, siempre habrá algún error ortográfico, una mancha en la alfombra, un potager de terracota con chorrones de barro.

Las mujeres perfectas no se manifiestan en este plano existencial. Habría que compadecer más que censurar, envidiar o emular, a las celebridades que venden la perfección. ¿Por qué? Porque a pesar de su fama y sus cuentas bancarias, apenas conocen un momento de paz; todo el mundo está pendiente, esperando un paso en falso.

No, gracias. Yo paso.

La perfección deja tan poco margen para el progreso… Tan poco margen para la aceptación o alegría. En el camino que hemos elegido, el progreso es un placer sencillo que hay que saborear. Todos los días. Naturalmente, seguro tendremos momentos perfectos, como pasar una soleada tarde de mayo trabajando en el jardín con nuestra hija. La verdad los potajes no tienen que ser perfectos para resultar placenteros.

Sarah Ban Breathnach