13 DE MAYO

Honrar a la Gran Madre

Cuidar de mi misma como lo haría una madre se ha convertido en una forma de prestar oído a mis necesidades más profundas y responder a ellas, al responder a la niña que llevo dentro.

MELINDA BURNS

Esta mañana, abajo se oye un trajín que no me está permitido presenciar. «Se está cociendo algo grande…no pude decírtelo», me susurra mi marido al cerrar la puerta del dormitorio con una sonrisa cómplice. Oigo el estruendo de ollas y cazuelas, de cajones que se abren y se cierran. Ahora que el tintero de mi mejor juego de porcelana resuena por toda la casa, parece como si estuvieran preparando la bandeja del desayuno.

Normalmente no tomo nada para desayunar, pero hoy haré una excepción, porque es el Día de la Madre.

Más tarde, como por arte de magia, aparecen unos deliciosos bollos de fresa, aún calientes del horno, que mi hija ha preparado. Estoy asombrada, orgullosa, emocionada, profundamente agradecida.

¿Quién es esta joven extraordinaria de radiante y bella sonrisa que me trae cordiales regalos para alimentar mi cuerpo y mi alma? Creo que aquí ha habido algún tipo de intervención espiritual, pues yo no he hechos bollos de fresa en mi vida y no tengo ni idea de como Katie adivinó la receta.

Es un momento perfecto para meditar pausadamente sobre la gran madre cósmica que puede inspirarnos a todas; el Espíritu femenino divino de la fecundidad conocido como la Diosa, tan venerado en la antigüedad, que las mujeres de hoy están volviendo a descubrir.

Muchas mujeres que conozco comparten el anhelo no expreso de ser reconfortadas, cuidadas como lo haría una madre. Esta voraz necesidad puede palparse, y a menudo no es correspondida.

Por el contrario, nosotras somos las que normalmente proporcionamos consuelo, atrapadas por las acuciantes necesidades de nuestros hijos, padres ancianos, pareja, amigos e incluso conocidos.

Aunque ya somos adultas, nunca llegamos a superar la necesidad de que alguien especial nos abrace, nos acaricie el cabello, nos arrope y nos asegure que mañana todo irá bien. 

Tal vez necesitemos volver a experimentar conscientemente la dimensión maternal y profundamente consoladora de la divinidad para aprender a ser madres nosotras mismas.

El mejor punto de partida es crear, como un acto de fe, un hogar que nos proteja, alimente y sustente a todos los que buscan refugio entre sus paredes.

Gloria Steinem ha escrito de forma conmovedora sobre la necesidad de volver a tener padres después de haber empezado a explorar, en la edad madura, el tema de la autoestima. Debido a que sus padres se divorciaron cuando ella tenia diez años y su madre fue víctima de crisis depresiva, la legendaria editora de la revista Ms. asumió el papel de cuidadora de la familia. Décadas después, en calidad de líder del movimiento feminista, organizaba, viajaba, daba conferencias, hacía campañas y conseguía reunir fondos para diferentes causas, pero no sabía cuidar de si misma, emocional, psicológica y físicamente.

En ningún lugar se hacía aquella verdad más patente que en su hogar. Gloria revela  en su libro sobre la autoestima «Revolution from Within: A Book of Self-Esteem», que su departamento era poco más que «un pequeño armario donde me cambiaba de ropa y tiraba papeles en cajas de cartón».

Paulatinamente, fue tomando conciencia, si bien con retraso, de que el hogar propio era un símbolo del yo, y a partir de los cincuenta creó su primer hogar verdadero y empezó a disfrutar de él.

Hoy, mientras te paseas por la casa, piensa en formas de empezar a cuidar de ti misma como lo haría una madre, todos los días, en detalles pequeños pero tangibles.

En tu casa, deberían haber lugares cómodos que te invitaran a sentarte, dormir, relajarte, pensar…

Debería haber fuentes de belleza por toda la casa que inspiraran, orden que reconfortara y la serena gracia de la simplicidad que tanto tranquiliza.

No hay una forma más bella de honrar el amor que nos profesa la divinidad femenina de la maternidad, que celebrar en la tierra el templo donde mora el Espíritu.

Sarah Ban Breathnach