26 DE FEBRERO

La vida real comienza con el sentido de la reverencia

Deja que tus conocimientos se amplíen pero no olvides el sentido de la reverencia; así, la mente y el alma, en perfecta comunión, cantarán al unísono como antaño.

ALFRED, LORD TENNYSON

Cuando mi hija tenía cuatro años, pregunté a mi marido si le importara que me ausentara durante un fin de semana y él accedió. Era la primera vez desde el nacimiento de Katie que mi hija y yo íbamos a separarnos pero necesitaba disponer de unos días para mi sola, a fin de centrarme, cosa que no podía hacer en casa. Por aquella época no sabía que la soledad es algo que debes incorporar de forma natural a la vida cotidiana. Aunque me sentí brevemente tentada por la posibilidad de dormir veinticuatro horas seguidas y darme el lujo de utilizar el servicio de habitación en un hotel de la ciudad, decidí recluirme un par de días en un convento contemplativo de monjas episcopal. Comprendí que lo que realmente deseaba hacer era escuchar los exquisitos sonidos del silencio.

Durante aquel fin de semana tan especial hubo muchos momentos maravillosos que siempre recordaré, pero lo que más me impresionó fue la silenciosa reverencia que presidía la vida entre los hermosos muros de piedra del convento.

La reverencia es un estado alterado de la consciencia, cuando sientes asombro y admiración porque sabes que te hallas en presencia del espíritu. Esa sensación de reverencia te envuelve en una inmensa paz porque no existe el pasado ni el futuro, sólo el momento presente, en el cual te sientes perfectamente compenetrada con el cielo y la tierra.

No hay diferencia entre el cuerpo y el alma. A veces, la meditación puede inducir espiritualmente este momento en que experimentas una plenitud absoluta, o bien el hecho de crear algo hermoso, ya sea una comida, un cuadro o un arreglo floral. El concentrarse en una tarea con gran esmero y atención también puede invocar a la reverencia.

Por desgracia, la mayoría de nosotras no vivimos enclaustradas en un convento donde reside la reverencia. Pero durante el camino, que conduce al encanto de las cosas simples he constatado que la gratitud es lo que nos permite experimentar una mayor reverencia en nuestro quehacer cotidiano. Meister Eckhart, el filósofo alemán del siglo XIII cuyas enseñanzas influyeron de modo decisivo en el movimiento cuáquero, sostenía que «aunque la única oración que pronunciaras en tu vida fuera la palabra «gracias», sería suficiente».

La vida real -la vida real de felicidad y alegría que nos corresponde vivir- comienza cuando restauramos el sentido de la reverencia a nuestras tareas cotidianas. Hoy, busca lo sagrado en lo ordinario con el corazón rebosante de gratitud y te garantizo que lo hallarás.