17 DE FEBRERO

Un safari del yo y del espíritu

Los bosques fueron hechos para los cazadores de sueños, los ríos para el pescador de canciones. Los ríos y los bosques pertenecen a los cazadores que cazan sin escopeta.

SAM WALTER FOSS

En el verano de 1893, una inglesa llamada Mary Kingsley viajó a la zona más salvaje y peligrosa del Congo francés en busca de sí misma. Sus padres habían fallecido recientemente y de pronto, a los treinta y un años, la señorita Kingsley se encontró «no sólo sumida en el dolor, sino carente de un propósito en la vida». Su aventura en África occidental cambió su situación radicalmente. Al cabo de varios años, sus escritos y sus hallazgos naturalistas, incluyendo restos de especies desconocidas de peces y animales, fueron aplaudidos por la comunidad científica victoriana.

Mary Kingsley iba en pos de un sueño: averiguar quién era y el lugar que ocupaba en el mundo. Al igual que tú. Pero aún sin tener que enfrentarte a los peligros que ella afrontó- animales salvajes, lanzas afiladas y enfermedades mortales -, te has embarcado en una aventura tan emocionante como la de cualquier explorador. Descubrir las fuentes del Nilo o seguir el curso del Amazonas constituyen unas aventuras equiparables al viaje interior que has emprendido, una safari del yo y del espíritu.

En África, emprender un safari -que en swahili significa viaje- representa abandonar la comodidad y la seguridad de la civilización para aventurarte en la selva. Eso es precisamente lo que haces cada vez que escuchas a la mujer que hay en tu interior, tu yo auténtico. Recuérdalo. 

«Debes abandonar la ciudad de tu comodidad y seguridad para aventurarse en la selva de tu intuición -aconseja Alan Alda a la exploradora que llevamos dentro- descubrirás cosas maravillosas. Te descubrirás a ti misma»