3 DE FEBRERO

Descubrir tu yo auténtico

Amarse a sí mismo marca el principio de un idilio que durará eternamente.

OSCAR WILDE

Una de las sorpresas que te depara el hecho de vislumbrar tu auténtica naturaleza es descubrir que se trata de una mujer positiva y encantadora. Siempre sonríe. Siempre está serena, dispuesta a consolarte. Exuda confianza en si misma. Quizás te preguntes quién es esa mujer y si guarda alguna semejanza contigo.

Sí y no. Es la mujer que eres interiormente. Tu verdadero yo. Si no te comportas siempre así se debe sencillamente a que todavía no has alcanzado un plano más elevado en tu existencia. Yo tampoco. Marianne Williamson sostiene que ello ocurre cuando «abrazamos a la diosa» que reside dentro de nosotras. «Cuando una mujer se enamora de las magníficas posibilidades que guarda en su interior, las fuerzas que limitan esas posibilidades comienzan a perder su dominio sobre ella», escribe Williamson en A Woman´s Worth.

Pero de vez en cuando vislumbramos ese plano elevado: cuando llevamos el pelo estupendamente, o cuando hemos dormido doce horas; cuando acudimos perfectamente preparadas a una reunión de trabajo; cuando nos ponemos la ropa del año pasado y comprobamos que no hemos engordado; cuando damos una fiesta y todo el mundo se divierte. Cuando se producen esos momentos, nos sentimos en armonía con el resto del mundo. Todo encaja. Pero no nos damos cuenta de que es con nosotras mismas con quienes estamos en armonía. Sentimos que formamos parte del caudal de la vida, que ocupamos el lugar que nos corresponde, una sensación especial que se produce cuando la autenticidad y la realidad se funden en un todo.

¿Pero cómo podemos gozar con más frecuencia de esa energía espiritual? ¿Cómo acceder más a menudo al caudal de la vida? ¿Cómo podemos aprender a vivir con plenitud?

La meditación es muy útil. Al igual que los paseos largos, sumergirnos en un cálido y perfumado baño de burbujas, lavarnos el pelo un día antes de que tengamos que hacerlo, ser mas amables con nosotras mismas, contemplar un amanecer o un crepúsculo, acariciar a un animal, jugar con un niño, tener ilusiones, sentir gratitud.

Pero sobre todo estar abiertas al cambio. Acogerlo con alegría. «Observa. Espera. Deja que el tiempo transcurra y te ayude a alcanzar tus metas -aconseja Marianne Williamson-. Mientras esperamos, no debemos perder de vista cuanto nos rodea. Debemos reflexionar y crecer. Sonreír y soñar, pero al mismo tiempo arrodillarnos y rezar. Hoy flota algo sagrado en el ambiente: vamos a crear unas diosas. Ellas son quienes somos nosotras, pues somos nosotras mismas: amigas, terapeutas, artistas, mujeres de negocios, maestras, senadoras, madres. Regocijarnos chicas, Tenemos una nueva misión.»