13 DE ENERO

La gratitud: el despertar del corazón

Los ojos de mis ojos están abiertos.

E. E. CUMMINGS

Te ha pasado alguna vez? Coges un libro y llama tu atención una frase que parece haber sido escrita sólo para ti. O escuchas una revelación en la letra de una canción. A veces, parece que un ángel te esté susurrando al oído.

Una mañana cualquiera, me di cuenta de que estaba emocional y físicamente agotada por concentrarme en cosas que quería comprar pero no podía permitirme. Me sentía atrapada en un círculo vicioso. Cuanto más me concentraba en las carencias y en lo que no podía poseer, más me deprimía. Cuanto más me deprimía , más me concentraba en las carencias. Mi alma me susurró que lo que realmente anhelaba no era la seguridad económica sino la serenidad económica. Yo estaba lo bastante tranquila como para prestar oído a sus palabras. En aquel momento identifiqué le más hondo afán de mi corazón. Anhelaba una paz interior que el mundo no pudiera robarme. Pedí ayuda y me comprometí a seguir el camino, fuera cual fuera, que me indicara el Espíritu. Por primera vez en mi vida deseché mis objetivos a cinco años vista y me convertí en buscadora, peregrina, aventurera.

Cuando me desembaracé de mi deseo de seguridad y en vez de ello busqué la serenidad, pude contemplar mi vida con los ojos abiertos de par en par. Ví que podría muchas cosas por las que estar agradecida. Me sentí humilde ante mis riquezas y me arrepentí de no haber valorado la plenitud que ya existía en mi vida. ¿Cómo iba a esperar más del Universo cuando no apreciaba lo que ya poseía?

De inmediato, hice inventario de los factores positivos de mi vida: mi salud, mi marido maravilloso, una hija preciosa y feliz, la salud de ambos, nuestro hogar (pequeño pero acogedor) y tres preciosos animales domésticos que me alegran a diario con su incondicional compañía. En la mesa, nunca faltan los buenos alimentos y hay vino en la despensa. También tenemos la suerte de poseer muchos amigos maravillosos a quienes les importamos mucho y con los que compartimos nuestras vidas.

En cuanto me puse manos a la obra, la lista empezó a crecer. Amaba mi trabajo; el mundo lo estaba conociendo y era bien recibido. Muchas mujeres me habían hecho saber que el primer libro había enriquecido sus vidas. Creo firmemente que lo que das al mundo volverá a ti -quizá no todo de una vez o de la forma que esperas- pero si das lo mejor de ti misma, lo mejor volverá a ti. Había llegado la hora de que viviera mis creencias.

Cuando contemplé el libro de mi vida, me di cuenta de que era muy afortunada. Lo que estaba experimentando no era nada mas que un problema de liquidez temporal. Por último mi voz interior concluyó que era imposible determinar mis ingresos netos personales a partir del saldo de mi cuenta corriente. Lo mismo es válido para los tuyos.

La forma en que se llega a esta conclusión no importa. Lo importante es el hecho. Mi corazón empezó a rebosar de gratitud. Comencé a dar gracias por todo: el jarrón con margaritas que reposa en el alféizar de la ventana de la cocina, la dulce fragancia del pelo de mi hija, el primer sorbo de té por la mañana, el asado de cerdo con manzanas y arándanos de la cena dominical, oír las palabras «te quiero» antes de conciliar el sueño. Todos los días empezaron a ofrecerme auténticos momentos de placer y dicha. Pero, ¿no lo habían hecho antes? La diferencia residía en que ahora yo percibía y apreciaba las dádivas con que era obsequiada todos los días. La fuerza de la gratitud me cogió por sorpresa.

Todo lo que hoy te pido es que abras «los ojos de tus ojos» y contemples la vida con otra mirada. ¿Tienes cubiertas tus necesidades básicas? ¿Tienes un hogar? ¿Alimentos sobre la mesa? ¿Ropa para ponerte? ¿Tienes una fuente de ingresos regulares? ¿Tienes sueños? ¿Tienes salud? ¿Puedes andar, hablar, ver la belleza de lo que te rodea, escuchar música que te revuelve el alma o pone tus pies en movimiento? ¿Tienes familias o amigos a los que amas y que te aman?

Entonces, haz una pausa para dar las gracias. Deja que tu corazón despierte la fuerza transformadora de la gratitud. Prepárate para sustituir tu necesidad de seguridad emocional y económica por serenidad. «No hay trompetas que suenen cuando tomamos decisiones importantes en nuestra vida -nos recuerda Agnes de Mille-. El destino se da a conocer en silencio.»