6 DE ENERO

Morirse de sed en un río que cubre hasta la rodilla

«La sed de felicidad nunca se extingue en el corazón» 

(Jean-Jaques Rousseau)

La primera vez que escuché la bella versión de Kathy Mattea del tema country «El agua me llega hasta la rodilla (y me muero de sed)», fue una tarde en que me dirigía al colegio de mi hija para recogerla. De repente, tuve que parar el coche en el borde porque lloraba con tanta vehemencia que las lágrimas me cegaban. Hasta aquel momento, había sido un día ocupado pero bueno. Yo no era consciente de estar triste o deprimida. Así que, ¿por qué lloraba?

Mientras Kathy cantaba sobre amistades que no se habían apreciado en su justa medida, amores pasados y un maravilloso mundo lleno de desconocidos esperando a conectar con nosotras (si bien nosotras apartamos la mirada), algo se revolvió en mis entrañas. Había demasiadas cosas que yo no valoraba lo suficiente. No quería seguir viviendo sumida en la inconsciencia.

La revelación de que poseemos todo lo que necesitamos para ser felices pero sencillamente no somos conscientes de ello, y por lo tanto no lo apreciamos, puede ser tan refrescante como una limonada en una tarde de verano. O puede ser tan alarmante como un jarro de agua fría. ¿Cuántas de nosotras, pasamos nuestros días con la boca reseca y con sensación de vacío, con sed de felicidad, cuando en realidad el río de la plenitud nos cubre hasta la rodilla?

Pero no debemos hacernos ilusiones. El Universo llamará nuestra atención de una forma u otra, con un sorbo o con un chapuzón. 

Saciemos hoy nuestra sed de la buena vida que creemos llevan los demás tomando conciencia de lo bueno que hay ya en nuestras propias vidas. De esta forma podremos obsequiar al Universo con el agradecimiento de nuestro corazón.