10 DE ENERO

Hasta que la muerte nos separe

Sólo cuando sabemos y comprendemos verdaderamente que nuestro tiempo sobre la tierra es limitado -y es imposible saberlo cuando nuestro tiempo se ha consumido- empezamos a vivir cada día con la máxima plenitud, como si fuera el único que tenemos. 

ELISABETH KUBLER-ROSS

Visitar nuestros cementerios puede ser muy revelador. Son tan serenos y silenciosos… Tan quedos… Los viejos cementerios nos recuerdan que, hasta que la muerte nos separe, materializar los deseos de nuestro corazón es posible todos los días si sabemos lo que nos hace felices. 

En la obra de teatro de Thornton Wilder Our Town hay una escena profundamente conmovedora que se desarrolla en un cementerio. Los espectros consuelan a la joven heroína, que ha fallecido recientemente mientras daba a luz. Emily, anhelando aún la vida que acaba de abandonar, desea revivir un día -cualquiera- de su vida. Cuando hace realidad su deseo, se da cuenta de las muchas cosas que los vivos no aprecian en su justa medida. 

Al final, la experiencia le resulta insoportable. “No me había dado cuenta -confiesa apesadumbrada- de todo lo que pasaba y que nosotros nunca percibimos… Adiós, mundo. Adiós, Grover´s Corners… Mamá y papá. Adiós al tic tac de los relojes… y a los girasoles de mamá. Y a la comida y al café. Y a los vestidos recién planchados y a los baños calientes… y a dormir y a despertarse. Oh, tierra, eres demasiado maravillosa para que cualquiera comprenda tu grandeza.”

Es durante el período de la Adoración de los Reyes, cuando la renovación de la luz y la revelación se celebran en la liturgia de las iglesias católicas, episcopal y ortodoxa. En nuestro nuevo camino buscamos revelaciones cotidianas -ocasiones en las que podemos permitirnos desperdiciar ni tan siquiera un día -cualquiera- sin percibir su excepcionalidad. Debemos estar deseosas de descubrir y luego apreciar los momentos auténticos de felicidad que todas tenemos a nuestra disposición todos los días.